La poesía, mera posibilidad, acaricia
los sentimientos y, al final, los doblega en un mar silencioso, oscilando entre
su existencia y sus anhelos. Ni la voluntad de su lenguaje, ni el simple curso
literario, aparecidos como antorchas efímeras, pueden seguir más allá, es
entonces cuando el poema transformado en interrogación cae en un mundo opaco y
brutal. Los versos fluctúan en los acantilados de las palabras, pero estas,
empujadas por la eterna sed de inmortalidad deben traspasar el umbral de lo
desconocido, y para eso hace falta que inexorablemente acepten que son un
meandro en el desierto y, por ello, una pretendida nada en el mar de los
principios. De aquí nacerá otro poema, entre blancos estertores y proyecciones
de universos paralelos y una simple fascinación por nuevos horizontes. El realismo,
intacto y orgulloso, correrá sigiloso para abrir la puerta de la poesía, y un
torrente de tiempo desleal lo aplastará escribiendo versos ilimitados y vagabundeando
a caballo de cualquier proposición, simultaneando la subsistencia y la maravilla
de lo sobrecogedor. Así, el inalterable verso que el origen desvirtúa y su
significado lo ahorca ignorando el futuro, podrá seguir su curso.
diumenge, 7 d’abril del 2019
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