diumenge, 22 de gener del 2017

Todas las cosas que pasan no son necesarias, pero una vez han ocurrido son imprescindibles para recordar el pasado.

Ando por andar en el círculo impenitente y, a veces, sin querer, veo el horizonte. Ya no hay misterio, entonces, y vuelvo a andar ajeno a este descubrimiento.

Porque te veo entre las olas de la playa he decidido que ya no soñaré nunca más.

Ayer por la noche estuve cerca de la verdad, esta mañana me he levantado con dolor de cabeza.

Calles limpias, pintadas de gente humilde condenadas a no ver nunca más el cielo azul. Cegados por el resplandor de los relojes, viajan por el calendario de los andenes sin despedidas.

Soy el invitado de la espera, un pequeño ensayo del miedo. Cada noche, desde la ventana, descubro que las estrellas brillan cada vez más y comparto mi esperanza con ellas.

Traes el corazón en la mano y cierras el puño cuando me acerco. En las caracolas ya no oigo tu nombre, me he cansado de esperar.

Olvidas que compartimos un regreso. Me dices que nunca hemos llevado equipaje. Pregonas que el tiempo se diluye en los verbos innecesarios. Prometes que el mañana no tiene edad y gritas mi nombre cuando ves que me alejo. No enciendas la luz, no esperes un abrazo. Creo que ya sé quién eres...

Cruzaré el cielo despertando a las nubes hasta llegar al infinito. Los pájaros me seguirán, las montañas sonreirán a mi paso y el Sol me preguntará cómo ha ido. Quiero nacer de nuevo y decir, a quién me quiera oír, que volveremos a surcar el cielo.

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E ntre la vida y el cielo hay una tierna provocación que siempre pregunta por ti. Dime, ¿son los ojos que buscabas?